Eugenia Garbino: "No podés quedarte sentado esperando al cliente, pero la competencia desleal nos está ahogando"

En vísperas del Día Internacional de las Pymes, la presidenta del Centro de Defensa Comercial de Gualeguaychú, Eugenia Garbino, trazó una cruda radiografía sobre la realidad que atraviesa el sector. En una íntima charla periodística, analizó la urgencia de la reinvención digital, el impacto de los alquileres en el centro, la desprotección ante el comercio informal y una preocupante ola de inseguridad y estafas que mantiene en vilo a los comerciantes locales.

El dilema del "aguante" y el cambio de paradigma económico

Tras participar de un encuentro que contó con la presencia de figuras políticas y un cierre a cargo del reconocido economista Claudio Zuchovicki, Garbino reflexionó sobre la delgada línea entre resistir y transformarse. El foco estuvo puesto en una pregunta clave: ¿los problemas actuales son transitorios o permanentes?

"Si algo es transitorio, hay que resistir; pero si es permanente, tenemos que cambiar nosotros", señaló la dirigente, trazando un paralelismo con grandes revoluciones históricas y el impacto actual de la inteligencia artificial.

Aunque las encuestas del sector muestran que un 85% de los comerciantes apoya el rumbo económico general y valora la baja de la inflación, el día a día se vuelve cuesta arriba. "El tema es hasta cuándo aguantás. El aguante no es el mismo para el que tiene su trabajo asegurado en blanco que para el comerciante que debe pagar un alquiler y cuyo ingreso mensual está en veremos", advirtió.

La fidelización tradicional a través de la cuenta corriente está cediendo terreno ante las billeteras virtuales y un consumidor que, golpeado en su bolsillo, elige estrictamente por precio. "Ya no podés quedarte sentado esperando que entre el cliente. Tenés que salir a buscarlo de la forma que sea", sentenció Garbino.

Alquileres impagables y el éxodo hacia la informalidad

El costo de mantener una estructura física en las arterias comerciales tradicionales de Gualeguaychú, como la calle 25 de Mayo, se ha vuelto prohibitivo para muchos. Esto está acelerando un fenómeno preocupante: el cierre de locales tradicionales y su mutación hacia el plano virtual o hacia galpones periféricos.

  • Costos fijos asfixiantes: Impuestos elevados, leyes sociales y alquileres en niveles imposibles de sostener con las ventas actuales.
  • La retirada del centro: Comerciantes que deciden mudarse a zonas menos transitadas o directamente operar desde sus casas.
  • El refugio en el galpón: Casos de emprendedores familiares que reducen personal y se vuelcan a la venta exclusiva por redes sociales.

Esta migración forzada enciende las alarmas por la competencia desleal. Garbino hizo hincapié en la falta de controles sobre comercios que operan en la clandestinidad absoluta: "Vemos lugares que venden en galpones, publican en redes y exigen solo efectivo o transferencias. Nos da bronca porque nosotros pagamos todo. Queremos que vendan, pero que paguen los mismos impuestos que pagamos todos".

La presidenta del Centro de Defensa Comercial ejemplificó esta distorsión con el rubro de bazares e indumentaria, donde los importadores ofrecen productos a precios mayoristas que resultan ser más elevados de lo que esos mismos artículos se venden al público en el circuito informal. "Es una deslealtad de precios alevosa", remarcó.

Inseguridad en el centro: robos con cuchillo, destrozos y estafas virtuales

El panorama económico se ve drásticamente agravado por la vulnerabilidad en materia de seguridad. Los comerciantes no solo enfrentan robos bajo modalidades violentas —como el reciente asalto con cuchillo en una pizzería local antes de las nueve de la noche— sino también el vandalismo cotidiano.

"A un comerciante le rompen un vidrio y le sale más caro arreglar el cristal que lo que verdaderamente le llegaron a robar adentro. Todo esto en un contexto donde no se vende nada", detalló con indignación.

A esto se suman las estafas con transferencias falsas. Garbino relató un caso reciente del grupo de comerciantes autoconvocados, donde un estafador simuló un error de edición en un comprobante digital, alterando un monto de 20.400 pesos para hacerle creer al vendedor que le había transferido más de 2 millones de pesos, exigiendo la devolución inmediata del dinero.

El rol policial, la lentitud judicial y la delincuencia repetitiva

A pesar del escenario complejo, Garbino defendió el accionar de la policía local y destacó que la fiscalía suele actuar con rapidez. Sin embargo, el cuello de botella se encuentra en los procesos burocráticos y las bajas penas para los delitos menores.

  • El factor tiempo: Desde que se hace la denuncia hasta que el juez emite la orden de allanamiento, los delincuentes ya vendieron el botín.
  • Los mismos de siempre: Los comerciantes identifican a los autores de los robos a través de las cámaras de seguridad. "Vemos las fotos de los 'chorritos' en los grupos de WhatsApp y son siempre los mismos. Entran por una puerta y salen por la otra porque son robos menores", explicó.

Conclusión: Un llamado a proteger el ecosistema local

Ante la consulta sobre si existe una sensación de resignación generalizada, Garbino fue tajante: "Estamos resignados en muchas cosas, pero no nos podemos cruzar de brazos. Hay que hacer algo".

La dirigente concluyó con un pedido directo a las autoridades (sobre todo Aduana, ARCA, Justicia Federal): es imperioso cuidar al comerciante de Gualeguaychú, aquel que lleva años apostando por la ciudad, generando empleo genuino y sosteniendo la economía local con sus impuestos. La solución, según la referente, no puede ser la autogestión permanente ni la evasión de responsabilidades bajo argumentos de competencias jurisdiccionales; se necesitan políticas activas de alivio fiscal y un control riguroso de la informalidad para evitar que las persianas sigan cayendo.



Autor:Javier Vilaboa

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